Turismofobia y Mas enfermedades del siglo 21

turismo sexual

En el año 2015 tuve la gran oportunidad de visitar Barcelona, Madrid, Valencia, Málaga y Granada. Recuerdo mucho una pequeña ciudad a orillas del mar llamado Motril, desde donde se podía ver muy al fondo el norte de África. También tengo tatuado en mi mente el recuerdo de ver la Alhambra, ese castillo Moro que fue confiscado por los Reyes católicos y expropiado sin más argumento que la Xenofobia y la religiosidad.El paso por la Rambla, la Plaza de la Boqueria, el Parque del Retiro, el Museo de Valencia, la Sagrada Familia de Gaudí entre otros hermosos lugares que recorrí hace nueve años me alegran el corazón cada vez que recuerdo ese mes maravilloso y que, gracias al internet, los sistemas de transporte actuales y el sistema hotelero pude conocer.

Quinientos años atrás solo se podía cruzar el océano por barco y era una tremenda aventura. Hace menos de un siglo que conocemos la aviación comercial y hace solo setenta años las tarjetas de crédito hicieron su aparición. Hoy Airbnb, Booking, Despegar, Trivago entre otros nos hacen más fácil planear nuestros viajes y cada vez la industria del turismo hace que sea más sencillo un paseo por el mundo.

Lastimosamente, el ser humano tiene dos características muy jodidas que hacen que lo bello del turismo se vea opacado por ellas. La primera es lo que un gran amigo llama “Mio Mio”, es una consideración que tenemos de que todo es nuestro, que el mundo gira alrededor nosotros y no del sol, que las calles son para mí y que cualquier otro carro estorba, que si hay fila para entrar a un restaurante es un impedimento para que yo pueda comer, que si una persona que no tiene aspecto criollo, chibcha o chapín, entonces es un GRINGO que está en nuestra ciudad quien sabe haciendo que. En Medellín todo el que no es Paisa es Gringo, le decimos gringos hasta a los japoneses.

El otro problema que el ser humano carga en su morral, es una necesidad de dañar lo ajeno, de hacer afuera lo que jamás haría en su casa y ahí es donde el turismo está empezando a convertirse en un problema que solo se resuelve con la autoridad local y un estricto sistema policial.

En Estados unidos, Mr. Smith es un excelente papá y un gran esposo. En el parque lleras de Medellín es un don Juan que busca prostitutas diferentes cada noche y que un kilo de cocaína apenas es suficiente para su estadía de quince días.

Mr. Jonhson salió de su casa para el aeropuerto, le dio un beso en la frente a su hija de trece años antes de salir, le dijo que se cuidara mucho y que no saliera sola a la calle. En Medellín Mr. Jonhson llegó buscando unos muchachos que Mr. Smith le recomendó para que le llevaran a su Hotel una niña de catorce años para violar a cambio de cien dólares

La socia española de un amigo llega a Medellín y en vez de ir a su hotel a descansar tiene que pasar por el barrio Antioquia a comprar dos tubos de perico y así poder sentirse en paz.

Un grupo de Afrodescendientes de origen antillano se hospedan en un hotel en la avenida el poblado. Siendo las nueve pm llega un taxi por ellos que tiene calcomanías de “La Isla”, un prostíbulo a las afueras de Medellín que todas las noches recibe cientos de “gringos” que con fajos de billetes elogian la belleza Colombo Venezolana mientras meten esos billetes en la ropa interior que de interior solo le queda el nombre y el tamaño.

Si es cierto que la prostitución entre mayores de edad es un contrato en el cual ambos firman, el problema tras de eso es la difícil tarea de comprobar la edad, la intención, le necesidad, la autoridad y la legalidad. El comercio de esclavos sexuales está alcanzando cifras por encima de los treinta y dos mil millones de dólares en el mundo, lo cual lo convirtió en una industria de la abominación y la maldad; detrás de un(a) prostituta(o) hay un delincuente que “cuida” a este y luego hay un mesero, o un botones, o un empleado del hotel que se encarga de ofrecer sus servicios, y al final un “cliente” que paga en moneda extranjera para poder poseer a quien “ofrece” sus servicios sexuales. Todo a la vista de una policía cómplice que cobra su comisión por no hacer nada y que al final nada de este dinero entro a la economía oficial, todo se quedó en billetes en efectivo, drogas y bandidos.

Esas 2 características, el “Mio mío” y el “lo Ajeno es para destruir”, hacen que una actividad tan maravillosa como el turismo se esté convirtiendo en una pesadilla.

Para proteger el turismo, el buen turismo que genera empleos de verdad, ese que no deja pelechar la delincuencia, solo se requiere que el gobierno tome de verdad cartas en el asunto y no de paños de agua tibia, que asuma el control del problema, que empiece a judicializar desde el policía corrupto que se hace el ciego por unos cuantos dólares, hasta el mesero del restaurante que por una monedas de más vende a su hermanita de trece años, pasando por los proxenetas, delincuentes y malandros que reclutan los niños, niñas y adolescentes para enredarlos y someterlos a estos vejámenes.

El problema no es el turista que como la mayoría viene a conocer los pueblos de Antioquia, su gastronomía, la amabilidad de sus gentes y un clima espectacular. Debemos proteger al turista original, al turista respetuoso, al turista humilde que viene a conocer y a disfrutar. Cuando el mal turista entra a la ciudad el buen turista se esconde; en términos económicos el mal turista no le deja un centavo de ganancia a la ciudad, ese dinero de prostitut@s, drogas y rumbas, en su mayoría queda en la mano de bandidos y estos no pagan IVA, retefuente, ni Impoconsumo.

Como ciudadanos comprometidos con que este país avance y se quite ese lastre tercermundista de la droga, la violencia y la pobreza, empecemos por denunciar en redes sociales toda mala conducta por parte de los turistas y lo locales que atenten contra la sana convivencia y el respeto por la ciudad.

El 123 Social forma parte del Número Único de Seguridad y Emergencias 123 de Medellín y está integrado por un equipo de profesionales psicosociales que asisten con servicios de información, orientación, asesoría, intervención en crisis y verificación en campo a población vulnerable en situación de riesgo y que vive emergencias de tipo personal, familiar y/o social.

7 comentarios en “Turismofobia y Mas enfermedades del siglo 21”

  1. Sandra echavarria

    Es triste ver que una oportunidad de negocio este cegada por el dinero fácil,debemos todos como sociedad poner nuestro granito de arena para combatir esta forma delictiva, que le hace tanto daño a nuestra sociedad y sobretodo a nuestros niños.

    1. Si desde el Gobierno local y Nacional se trabajara más en vez de estar buscando problemas entre si, todo estaría mejor.
      Necesitamos un Bukele en Colombia y menos Twitter lovers en el Capitolio y las gobernaciones.

  2. Alejo, muy interesante como muestras la trayectoria del turismo, expresado en una cruda realidad, un relato muy detallado de la nueva humanidad en nuestra Medellin y otras ciudades de Colombia.
    Los valores y virtudes se tornaron de otro color y la falta de amor propio lleva a que nuestra juventud caiga a abismos de oscuridad, depresión y drogas, debemos tener mucha fe y guardar la esperanza de que todo va a cambiar y que cada uno debemos sembrar semillas de amor por donde quiera que pasemos.

  3. Luis Alfredo Díaz Plata

    Excelente artículo, una cruda realidad…La única esperanza de la humanidad está en la educación, pero la educación de los hijos de hoy, quienes serán los adultos de mañana, si los como padres no los educamos en principios y valores estamos perdidos…

  4. La verdad Alejo es que la mayoría de la gente no imaginamos, todo el movimiento y las personas que están detrás de este daño tan grande, al turismo a la sociedad y a los niños. Y es triste ver cómo la mayoría, q se dan cuenta, no denuncian. Es un problema q uno no imagina viene desde hace muchos años eso no es de ahora. Pero la realidad todo el problema viene desde casa, y la falta de etica de las personas que laboran en el turismo y la falta de un plan de acción de cada departamento para detener esta problemática.

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