Más Inteligentes, No Más Tolerantes

Más Inteligentes, No Más Tolerantes

Creo que el rasgo más distintivo del siglo XXI es la intolerancia. Siento que este nuevo siglo ha traído demasiados avances tecnológicos. Ha habido importantes progresos en términos de salud: hemos disminuido la brecha de pobreza, hay más conciencia medioambiental y se han logrado mejoras en muchos lugares.

Sin embargo, el avance de la intolerancia lo percibo cada vez más claramente. Lo veo en mi vida cotidiana: al conducir, entre vecinos que ya no se toleran, en parejas que recurren al divorcio por situaciones menores, entre amigos que se distancian por una frase mal interpretada, y en socios de negocios que priorizan intereses personales sobre las relaciones.

Un ejemplo actual es Estados Unidos, donde el presidente Donald Trump ha promovido un lenguaje de odio reminiscente del Ku Klux Klan. Prácticamente estamos segregando y criminalizando a personas inocentes, especialmente a migrantes que buscan lo mismo que los primeros colonos: una vida mejor.

Me parece estar reviviendo la historia de los inmigrantes irlandeses, italianos, españoles y franceses que poblaron Norteamérica. Resulta irónico que quienes hoy se consideran nativos norteamericanos hayan olvidado que alguna vez fueron migrantes. Están tratando a las personas que buscan mejorar su calidad de vida con una intolerancia que recuerda las peores páginas de la historia.

Si retrocedemos ochenta años, esa misma intolerancia generó el nazismo: una segregación basada en el antisemitismo y en juzgar al otro. Esos comportamientos nunca terminan bien y siempre conducen a tragedias.

Mi llamado no es a ser tolerantes, sino inteligentes con la tolerancia. No se trata de soportarlo todo, sino de ser lo suficientemente inteligente para comprender y respetar lo que no nos daña. Los lenguajes de odio, la segregación y la radicalización de ideas solo conducen al conflicto.

La intolerancia permanente —peleando con todos, desde el conductor del auto vecino hasta la pareja— es síntoma de una mente enferma que no comprende la complejidad de las relaciones humanas.

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