Las Otras

Todas las personas vemos el mundo de forma diferente. De ahí los gustos, los colores y los sabores, pero sobre todo el instante; nada más diferente que el instante cósmico, donde todo puede ser y no ser al mismo tiempo y de la misma manera.


Yo decidí hace algunos años privarme de la posibilidad de traer hijos al mundo y cuando digo decidí fue porque me hice la vasectomía, porque desde el momento en que comencé mi vida sexual mi mayor miedo era dejar a una mujer embarazada. Ese miedo nunca lo he identificado, pero le he puesto máscaras a lo largo de la vida, máscaras circunstanciales y que como toda excusa mi cerebro valida.


En determinado momento la excusa era que estaba muy joven y tenía que estudiar, luego la excusa fue que estaba en plena etapa productiva y me tenía que enfocar en eso, luego que estaba híper endeudado y que era imposible traer un hijo al mundo, y la última de las máscaras ha sido que estoy recuperando el tiempo perdido y que no podía distraerme en criar a un hijo. Pero solo hace unos 4 años que me he puesto más serio y me puse a pensar en las verdaderas razones por las cuales le hui toda la vida a la responsabilidad de ser papá.


Le tengo fobia al maltrato y desde muy joven he sido consciente de cómo la sociedad en su machismo normalizado ha pasado por encima de los niños y de las mujeres como una aplanadora, y no uso la palabra «los derechos de» para referirme a las mujeres y los niños porque siento que representa una dádiva que el hombre le da a un animal que acaba de domesticar. Nadie merece derechos y todos tenemos los mismos derechos. Darse la capacidad de otorgar derechos a otros es pura mezquindad.


De niño recuerdo a mi papá entrar borracho a la casa y agarrar a golpes la puerta donde mi mamá se escondía con mis hermanos y conmigo. En la finca recuerdo ver a Reynaldo, el mayordomo, tirar el equipo de sonido por la ventana de la casa mientras doña Marina y los niños se escondían muertos del miedo debajo de las camas. En el barrio donde crecí, un día un vecino le sacó las tripas a la esposa con un cuchillo del tamaño de un antebrazo; salió corriendo bañado en sangre y todos los niños del barrio ayudamos a la señora moribunda a montarse a un taxi rumbo al hospital.


El mundo que los hombres creamos ha sido el infierno de las mujeres. Algunas han logrado sobrevivir gracias a la obediencia, otras han tenido la suerte de encontrar hombres inteligentes y poder tener relaciones entre iguales, otras nunca lograron la mayoría de edad porque encontraron un violador a su paso. Otras han convivido con una pareja abusadora toda su vida por dependencia económica. Otras sufren de violencia intrafamiliar a los ojos de su propia familia que les recomienda no quejarse y hacerse la loca. Otras han tenido que convivir con una pareja que abusa de sus propios hijos y les toca ser cómplices de este delito por miedo al abandono.


Otras se cansaron de denunciar y acudir a la policía para evitar ser revictimizadas y burladas por un sistema legal hecho por hombres, para hombres y operado por hombres. Otras obligadas a casarse con hombres mayores que ellas siendo apenas unas niñas y violadas desde su más tierna infancia por un hombre que provee comida y techo. Otras siendo violadas como trofeos y usadas como botín de guerra. Otras vendiendo su dignidad en las calles por tres centavos para poder llevar comida a su casa. Otras confinadas a una cocina y un lavadero como amas de casa y encargadas de que la casa esté confortable para el marido.


Otras teniendo que complacer los deseos sexuales de su jefe para poder conservar un empleo. Otras adaptadas a un salario inferior por el mismo trabajo que hace su compañero hombre con un salario mayor.

Otras siendo morboseadas por abusadores mientras viajan en el metro o en el bus. Otras siendo víctimas de extorsión de su expareja con la amenaza de publicar videos íntimos que les grabó sin su consentimiento. Otras viviendo la humillación de tener que ir a una comisaría de familia para pelear por una cuota alimentaria con un hombre miserable.

Otras en sus casas a la espera de que su hombre llegue en la madrugada borracho a abusarla y golpearla. Otras teniendo que soportar el pronombre «perra» que su ex le puso para reemplazar el pronombre «amor» que usaba cuando estaban juntos, porque para los hombres sin inteligencia, toda expareja se convierte en perra en el momento de la separación.


A lo largo de mi vida he experimentado el machismo en tercera persona de una forma tan cercana que soy consciente de lo difícil que es para las mujeres el mundo que les tocó vivir.


El feminismo no es una corriente filosófica, ni un movimiento político; el feminismo es una red de apoyo en contra de la violencia de género y no siempre esa violencia es externa, en muchos casos el agresor es el papá, el hermano, el tío, el abuelo o el cuñado.


Hoy entiendo por qué he tenido miedo toda la vida de traer una vida a este planeta y es que el mundo creado por los hombres odia a las mujeres.

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