Cuando creemos mal…

El Antropocentrismo es la falsa idea de que el mundo gira alrededor del ser humano, que todo lo que sucede es por él y para él.

Creemos que somos la razón de ser de la evolución universal, que todo lo que pasa está diseñado para afectación de la humanidad y cuando no hay respuestas razonables a lo sucedido, buscamos en los dioses la manera de desligarnos de lo que nos corresponde.

Es una tendencia megalomaníaca de superioridad que nos dio derecho a gobernar el mundo con todo lo que hay encima y debajo de él, inclusive hasta los demás planetas que podamos penetrar.

De la misma manera, en nuestra individualidad, nunca asumimos que las cosas malas nos pasen a nosotros o a los nuestros, al clan.

Siempre que hay un accidente es a un vecino, a un amigo de un amigo, si hubo una enfermedad grave es a otros a los que les pasa, si el hijo sale delincuente o con alguna abominación, es el hijo de la vecina, o de otro sujeto, nada que ver conmigo.

Los seres humanos en nuestra poca modestia, consideramos que somos estandartes de la moral y que nuestros diques éticos nunca van a permitir que pasen cosas malas en nuestras narices, en nuestro rebaño.

Somo custodios de las buenas costumbres y de conservar los valores con los que fuimos criados, que entre otras cosas no son garantía de nada.

Alejo ¿Y entonces, cuál es el punto?

Que comprendamos que no somos el centro del universo, que no somos el pipi del niño Dios.

La grandeza que nos entrega el ego no es más que un sofisma de distracción que nos conduce de error en error y que sólo cuando ya es demasiado tarde, nos muestra la verdad con el fin de burlarse de nosotros en nuestro crepitar al cadalso.

Muchas de las personas que conozco, que han acumulado dinero desde el ego, me han compartido la misma reflexión “toda la vida detrás del dinero y la riqueza la tuve siempre en mi o a mi lado y jamás la valoré”.

Buscamos casas, pero sin hogares, buscamos camas de lujo, pero sin sueño reparador, buscamos belleza, pero sin conciencia, buscamos carros pero no los disfrutamos.

Nos la pasamos acumulando cosas y haciéndonos esclavos de ellas y solo nos damos cuenta de eso cuando es tarde y la vida en su infinita sabiduría nos obliga a hacer un reset despojándonos de todo a lo que alguna vez le dimos la vida entera, sacrificando a nuestra propia familia en el altar del éxito como dice Edwin Castro.

Creemos que seremos eternos y que nunca nuestros actos tendrán consecuencias, hasta que llega el día de pagar la factura y nos escandalizamos con su valor.

Cuida la verdadera riqueza, la tienes al lado.

Es cuestión de que dejes de mirar y comiences a ver; como decía Antoine, lo esencial es invisible a los ojos.

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