HUIR

Rara vez reflexiono sobre mi forma de actuar.

Creo que siempre ha sido de la misma manera, también creo que no hay nada de raro en ella pero, me he dado cuenta que siempre huyo.

Si entro a un cine elijo las últimas silla al lado de las escalas, en los restaurantes siempre me siento en un costado y mirando la entrada. En las conferencias siempre busco la ruta de evacuación o la salida de emergencia.

Me gusta huir.

Hace 15 días me invitaron a un evento de inversión y en determinado momento mi mente me dijo: huye en silencio, no te despidas y piérdete.

Y lo hice. Cuando iba por el pasillo rumbo al carro tenía cierta sensación de libertad, de calma. Odio estar por estar.

Si el libro no me gusta lo dejo, la peli no me gusta me duermo o la conversación no me conecta, yo me desconecto.

Y si la vida no es lo que pensaba la cambio.

Tuve la oportunidad de transitar por 5 colegios antes de poder graduarme.

Nunca fui estudioso y menos disciplinado. La razón de levantarme los lunes era la esperanza del viernes, saber que ese día llegaba a la casa y mi papá estaba con maletas organizadas para salir para la finca. Huir.

Cada minuto del viaje desde Medellín hasta San Jerónimo lo tenía fríamente calculado.

Sabía en qué parte del viaje me mareaba y tenía que pedir bolsa.

Sabía también en qué momento paraba el bus y era el momento de la comida en carretera. También podía percibir el olor de la carretera destapada minutos antes de llegar a la finca.

Llegar a ese paraíso donde solo había café, niños y borrachos era todo para mí.

Era el objeto de mi huida y la razón por la cual soportaba la semana en el colegio.

Tenía mis propias botas pantaneras, mi sombrero y mis perros que nunca me han dejado de acompañar.

Cuando somos niños, sonreímos con los ojos.

Sonreír de verdad implica hacerlo con los ojos. Es una risa con todo el cuerpo.

A medida que crecemos se nos olvida porque sonreír y solo lo hacemos con la boca o a veces solo con el jajaja del whatsapp.

La ropa no importa, el peinado no importa, los zapatos no importan, las clases de matemáticas o de sociales pierden valor en el campo.

En esa época no había ni internet, ni celular y tampoco Netflix. El campo era sólo eso, desconexión. huir.

Nunca he logrado sacar eso de mi alma. El día que dejé de ir a la finca los fines de semana, una parte de mi murió con ese hábito.

Vino la juventud, la adultez, está pidiendo pista la vejez, que sin duda necesita del olor del monte, del aire del campo, la oscuridad de la noche en la que los espantos y las historias del mayordomo sí daban pánico y la madrugada con una taza de agua de panela en leña, que nos devolvía el alma que la ciudad nos estaba robando.

5 comentarios en “HUIR”

  1. John Alejandro Betancur

    Es ese choque de generaciones porque crecimos sin acceso a tantas cosas y a tanta información y éramos felices, oliendo el campo y untando las rodillas de tierra y pasto.
    Ahora sí te desconectas de internet prácticamente vas dejando de existir.
    Que fortuna haber crecido en la tranquilidad, que fortuna tener conciencia.
    Gracias Alejo

  2. Alejo, mil gracias, a veces en ese Huir, siento que soy el unico al que le sucede y se siente raro, cada dia, ese pensamiento, pero ese huir muchas veces es para buscar algo mejor, algo que me llene, que nutra, que haga sentir que estoy vivo, pero ese huir la mayoria de las veces es libertad de hacer lo que quiero, cuando quiero y sin ataduras.

    Gracias

  3. Me identifico mucho con estas palabras me llegan al alma por la niñez y juventud en el campo por su tranquilidad y paz. Siempre trato de ir al campo aunque sea cada 15 o 20 días y estar tranquilo

  4. Me han tocado tus palabras Alejo también quiero huir pero no puedo, si soy también la que quiere estar en la tranquilidad, pero recuerdo que bajo mis alas hay una niña que aun confia en mi y soy lo único que ella tiene y vuelvo a realidad esa que me pone mano en el cuello y que dice necesitas vivir darla toda aún….

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