El Tiempo
Cada proyecto en el que nos metemos es una llamada más que vamos a recibir, es un mensaje más que se le suma a lista de mensajes sin contestar que abruman nuestra atención con ese ícono verde del WhatsApp y el numero de la cantidad de personas a las que hemos ignorado.
Lo más importante que tenemos los seres humanos es nuestro tiempo y su savia vital que es la atención. Hoy todo compite por nuestra atención, todas las publicaciones que vemos en redes sociales tienen como propósito que nos detengamos y que les dediquemos tiempo. Cada persona que nos escribe al WP o al IG está esperando que le contestemos en mierdécimas de segundo, si no lo hacemos nos bombardean apunta de signos de interrogación que son el equivalente digital al pito del carro que ensordece la calle cuando apenas cambió el semáforo.
Nos entran llamadas y nos da pereza contestarlas ya que sabemos que puede ser un vendedor de una empresa de telefonía o de internet tratando de vendernos algo. Nos llegan cientos de mensajes al correo todos los meses y ya ni siquiera los revisamos.
Alguien nos manda un audio de 3 minutos y nos da indignación tener que dedicar ese tiempo de nuestras vidas a prestarle atención a otra persona que probablemente en esos 3 minutos va a repetir la misma idea varias veces, la escuchamos en 2x.
Decidimos vivir en ciudades llenas de ruido, humo, tráfico y les llamamos civilización y si eso fuera poco hemos ido comiendo las laderas de las ciudades hasta que no quede un solo árbol que sostenga la tierra y abrace los taludes.
Hoy el símbolo más grande de riqueza que se puede experimentar es ser dueños de nuestro propio tiempo y no tener que rendirle cuentas a nadie de lo que hacemos con él.
Ayer me senté a leer en el balcón de mi casa «La casa de las dos palmas» desde allí se divisan las montañas y el cielo que tiene un color indefinible, voluble por no decir más. A mi lado los perros y una taza enorme de café. Empezó a caer la noche, el frío se me metió por los huesos, fui por una cobija de esas gigantes que tienen un tigre impreso y me arropé con ella, luego para que el plan fuera perfecto apagué el celular y me metí de lleno en las páginas del libro. Por unas horas experimenté la verdadera riqueza de poner mi atención en una única cosa, en vivir.
Cuando prendí el celular al siguiente día me di cuenta que todo seguía igual y que nada es tan grave para no tolerar una noche sin celular.
