Un propósito que mata
Hace un año me diagnosticaron hipertensión arterial.
Me tocó entrar a Google para entender qué era eso y comprendí que era la respuesta de mi cuerpo a la fatiga de tantos años trabajando sin parar y con un sentimiento de prepotencia ante los desafíos.
Cuando mi papá tenía 3 días de nacido, su papá recibió un disparo que acabó con su vida en el acto.
Desde entonces mi abuela no tuvo esposo, don Jesús y mis tías no tuvieron papá y mis primos y yo jamás conoceríamos al abuelo.

La pandemia fue el gran neutralizador. Obligarme a parar, a no pensar, a no hacer, a no resolver, a no ansiar.
Fueron meses completos encerrados en una finca donde todos los días le iba quitando fuerza al pie que pisaba el acelerador de mi vida.
Logré parar. Me detuve por completo y entendí que correr para ganar, lo único que hace es sacarme del juego.
Pero, un cerebro configurado para trabajar como un animal es difícil de doblegar.
Hoy 10 de agosto de 2024, estoy de nuevo lleno de cosas por hacer, mensajes que contestar, citas por cumplir y con el agravante que ya había comprendido que esta carrera solo terminó con una enfermera diciéndome 160: 120.
Todos los días me debato entre el Dr. Jekyll y Mr. Hyde.
Quiero descansar más, contemplar más la vida, cerrar los brazos y poder regocijarme con lo que soy.
Pero Mr. Hyde aparece y me pone un proyecto más, un enredo más, un cliente más y lo que en algún momento tuvo sentido y me daba fuerzas, hoy siento que me las quita.
El propósito nos mata poco a poco.
Mi abuelo se llamaba Jesús. Mi papá se llama Jesús y yo me llamo Jesús. Un nombre que carga en sus espaldas con una cruz compleja de cargar.

1 comentario en “Un propósito que mata”
Entrega a tus ancestros esa carga tan pesada que no corresponde!!! Honra su vida y sus vivencias, pero entrega esa maleta llena de cosas que no son tuyas, sino de ellas. Constelaciones Familiares.