Recalculando…
De repente sentí un grito muy fuerte que provenía del techo de la casita, si a eso se le podía llamar techo.
Me desperté con el corazón en la mano y salí de inmediato a ver qué pasaba. Eran aproximadamente las 6 a.m. y abrí la puerta de la habitación, luego la de la casita y salí hasta la grama a mirar desde lejos qué había en el techo que casi me infarta.
No era nada. Eran 2 guacharacas (pavas), que hacen un sonido muy particular con un volumen exagerado.
Luego de ver que no era nada grave y que mis pulsaciones empezaron a normalizarse, aproveché que ya estaba en pie, fui a la cocina, puse a calentar aguadulce o agua de panela como le dicen en el campo, y mientras eso pasaba, prendí el primer cigarrillo del día.
Recuerdo que me sentaba en un murito mientras calaba el tabaco y miraba hacia el bosque como buscando algo, intentando penetrar en la profundidad de los árboles y las ramas queriendo ver qué había más allá.
A veces lograba ver una soledad, o una ardilla o en algunos casos una guagua. Siempre me ha fascinado el campo, el bosque, la neblina, el pasto húmedo en la mañana y las góticas de agua en las puntas de las hojas.
Terminé ese primer cigarro y volví a la cocina a servir el café con el agua dulce y prendí un radiecito que tenía para escuchar la W y que Julio me contara que estaba pasando con el mundo esa mañana.
La casita fue un lugar en el que viví unos meses a las afueras de Medellín y que, a todo el que la vio le causo terror, menos a mí.
Todo el que iba me decía que como hacía para vivir allá, que si no me daba miedo.
Y la verdad, es que siempre he tenido la particularidad de que lo que a otros les aterra a mí me encanta.
Es parte de mi personalidad, siempre he sido un iconoclasta y me encanta ir en contravía. Pero vivir en esa casita no fue una casualidad, fue la respuesta que dio mi GPS a lo perdido que estaba.
Unos meses atrás estaba viviendo en la casa de mis abuelos, con mis cosas empacadas en un morral y todo mi patrimonio cabía en mis bolsillos.
Había perdido MI finca, MI carro, MI pareja, MI autoestima, MI orgullo y muchas cosas más que asumí eran mías, pero NO, nunca nada es de uno, las cosas solo son, sin carta de propiedad.
La casita fue el lugar a donde la vida me envió durante un tiempo a hacer el curso del desapego.
En esa casita no había televisión, no había Netflix. A duras penas llegaba la señal de A.M. al lorito (Radio de pilas) que usaba en la mañana para acompañar el café y los cigarros.
En esa casita, completamente solo, hice mi détox emocional. En esa casita me despedí de un Alejo que estaba a punto de morir y estaba dejando atrás el pasado, las perdidas, el dolor y la humillación.
Me acostaba leyendo, colgaba la hamaca y leía más, me daban las 2, 3 de la mañana y no lograba conciliar el sueño. Lo único que hacía era tomar más café, fumar más y leer más.
Caminaba 1 hora hasta el parque del retiro y almorzaba allá, me volvía caminando, escuchando música mientras caminaba.
Pensaba mucho, pensaba si sí, si no, si está bien esto, si no está bien lo otro, si me debía ir, si me tenía que quedar, qué iba a hacer, cuándo lo iba a hacer, para qué lo iba a hacer, qué estarían pensando de mí, en fin, pensaba mucha maricada.
Pasaba horas enteras sentado en la grama, mirando el agua correr, escuchando música, durmiendo, haciendo café, no hablaba casi por teléfono porque no tenía con quien.
En las crisis casi siempre el árbol se queda sin hojas. Caminaba mucho, leía demasiado y me volví un experto en observar, pasaba mucho tiempo observando esa casita.
Hubo días en los que no hablaba con nadie y donde lo único que hacía era pensar, reflexionar y tratar de encontrar el norte, el propósito y la dirección de mi vida.
Varios meses pasaron así y un día me entro una llamada.
Esa llamada lo cambió todo y mi GPS empezó a gritar: –Recalculando–

3 comentarios en “Recalculando…”
Quien era el personaje de la llamada ???
El campo la mejor terapia,y esa casa vieja,sí que nos pone a reflexionar.
Pero nos dejaste pensando quien fue el de la llamada?,felíz día.
Quien fue la persona de la llamada…??
Excelente mensaje el que nos entregas en este texto Alejo. gracias.