El Juego de los Ratones

Leyendo el maravilloso libro “Elogio de la lentitud” de Carl Honore, encontré una pregunta que me cuestionó demasiado.

¿Qué es lo primero que hacemos al levantarnos?

 

Y la respuesta que me di mientras leía el libro me obligó a detenerme y a reflexionar sobre un comportamiento errático y adictivo que estaba teniendo en mi vida en los últimos años. Inmediatamente me levanto lo primero que hago es ir a mi teléfono móvil o como se les dice ahora – el Smartphone – que cada vez me convenzo mas de que sí es muy inteligente y peligrosamente persuasivo por no decir adictivo.

En este ritual impuesto me quedaba hasta una hora revisando las actualizaciones de cada una de las diferentes redes sociales en las cuales me encuentro activo (Instagram, Facebook, YouTube y WhatsApp) y todo esto lo hacia en piloto automático sin darme cuenta que no me había tomado el tiempo de agradecer al universo por un día mas de vida, de mirar a mi pareja y contemplarla mientras aun dormía, de levantarme a leer un libro mientras hacia mi café matutino y observaba esa hermosa transición entre la noche que se va y el día que llega; en fin, lo primero que absorbía mi mente era el teléfono inteligente y sus redes sociales. Lo más grave no era el ritual de la mañana, si no darme cuenta que a lo largo del día no me podía despegar del teléfono y que era difícil pasar así fuera una hora sin observarlo; me trataba de ver una película y me perdía parte de la misma por estar contestando los WhatsApp y el Messenger, comenzaba a leer un libro y si entraba una llamada interrumpía la lectura o llegaba el caso en el que estaba en una video conferencia de trabajo y al mismo tiempo estaba mirando las actualizaciones de Instagram…

Fue hace poco donde un suceso me hizo pensar más de lo normal y fue cuando saqué a Limón (No sé si es mi perro o yo soy su humano) y por estar distraído en el teléfono inteligente Limón se salió de la urbanización donde vivo y cruzó la calle buscando jugar con otros perritos y la gritería de la gente fué la que me alertó y me hizo caer en cuenta que mi teléfono inteligente había logrado total control sobre mi.

Si realmente existiera un plan para controlar la humanidad, no me quedaría duda alguna que éste instrumento que tan mal manejamos algunos sería el vehículo correcto para tales planes de manipulación. No lo abandonamos ni para ir al baño, es lo último que vemos antes de dormir y lo primero que abrazamos en la mañana; si salimos de casa y se nos olvida llevarlo con nosotros preferimos devolvernos que estar incomunicados durante algún tiempo.

Sin ánimo de ofender ni herir susceptibilidades (LO CUAL HAGO SIEMPRE) es impresionante como preferimos pasar horas haciendo TikToks que leyendo libros, o se nos va el día deslizando el dedo en el muro de Facebook en vez de hacer un diplomado virtual. Hoy los niños manejan las redes sociales a la perfección pero no tienen ni puta idea que es macondo y la familia Buendía o la espectacular relación del Doctor Juvenal Urbino y Fermina Daza.

Particularmente tomé la determinación de controlar más mi mente con relación al Smartphone y darle su lugar en mi vida, el lugar que ocupan las demás herramientas que nos ayudan a vivir mejor, pero no al punto que la vida misma sea esa diminuta caja electrónica con sus aplicaciones adictivas y predictivas. Inicialmente sentí lo que siente el drogadicto cuando se aleja de las sustancias que gobernaban su cerebro durante años, síndrome de abstinencia y deseo desbordado de querer ir a mirar el último comentario en mi video de YouTube o el mensaje en mi muro de Facebook, inclusive cuando reviso el teléfono en la tarde veo que algunas personas están molestas porque no les contesté un mensaje de inmediato como estaban acostumbrados, pero al final del día siento que fué un logro y me permitió hacer cosas que si van con mi propósito de vida.

El virus Covid19 es pandémico y está acabando con la vida de mucha gente en éste momento, pero el Smartphone mal manejado esta destruyendo la mente de una generación entera y en unos años cuando tengamos una emergencia similar no vamos a encontrar buenos médicos, buenos terapeutas o ingenieros de vanguardia porque toda una generación entera enfocó su energía en ser Instagramer o Youtuber, sin decir que eso sea malo, solamente hago referencia a lo que David Greaber en su libro – Trabajos de mierda – calificó como oficios o profesiones que carecen de propósito y que el único interés es el beneficio personal.

Limón sigue vivo y logró pasar de nuevo la calle, justo ahora esta mi lado tratando de comerse mis crocs y también quiero aclarar que hay influencers que admiro, respeto, valoro y sigo.

2 comentarios en “El Juego de los Ratones”

    1. Hufff, me llegó como anillo al dedo, justo esta semana he estado reflexionando sobre este tema en mi vida.
      Y me llega este mensaje.
      Gracias Alejo por compartir tanto contenido de valor.

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